¿Prosperidad o Provisión?

La prosperidad financiera no es el mensaje principal del evangelio, como algunos predicadores en la televisión parecen sugerir, pero sí es parte del plan de Dios.

La obra de la cruz no sólo incluye sanidad y salvación, pero también provisión.

Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos.
2 Corintios 8:9

La prosperidad no se define comparándonos a nosotros mismos con la gente más rica del mundo o con un estándar de millones de dólares.

En Norteamérica la prosperidad se define a un nivel muy diferente al del África o el Sureste Asiático. Lo que se considera pobreza en una parte del mundo, es riqueza en otra parte.

Ser prospero significa tener suficiente para cumplir el llamado de Dios en tu vida más algo extra para compartir con los demás. La pobreza es tener menos de lo que necesitas para cumplir con el llamado de Dios para tu vida.

En su libro, Bendición o Maldición, Derek Prince dice: “Cuando la pobreza y la abundancia se interpretan de esta manera, se entiende que no hay un estándar absoluto que se puede aplicar a todos los cristianos. El estándar para cada creyente se debe determinar en relación a la voluntad de Dios para su vida.”

Algunos cristianos han sido llamados a administrar riquezas y sembrarlas en el reino, mientras otros han sido llamados a abandonarlo todo y servir a los pobres por causa del evangelio. La versión más común del “evangelio de la prosperidad” no tiende a clarificar este punto, sino que promete riquezas abundantes para todos, sin tener en cuenta el llamado ni las capacidades de cada persona.

En Deuteronomio 8:18 dice que Dios es que le da a su pueblo la capacidad para hacer riquezas y, en el Nuevo Testamento, Jesús nos dice que esta capacidad no es la misma para cada persona.

Las parábolas de los talentos en los evangelios indican que los siervos recibieron diferentes cantidades de talentos (o tesoro) de parte de su señor, cada uno conforme a su capacidad—uno recibió cinco, otros dos, y otro uno (Mateo 25:14-30).

Los dos primeros, quienes tenían una mayor capacidad, duplicaron sus talentos. El tercero, el de menor capacidad, no. ¿Qué pasó cuando el señor llegó a pedir cuentas? El que no dio fruto, perdió su talento y este se le dio al que tenía más. Este es un principio bíblico tanto para las capacidades personales como para el dinero.

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
Mateo 25:21

Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
Mateo 25:29

Llamemos a esto el principio de la fidelidad. Este principio no niega el principio del sembrar y cosechar (del dar y recibir) en el que se basa el evangelio de la prosperidad y, según el cual, cada vez que tú das o siembras dinero, vas a recibir o cosechar bendiciones de Dios. Por el contrario, el principio de la fidelidad reivindica el principio de la siembra y la cosecha (el cual es también bíblico), pues la persona cosecha no lo que da en una ofrenda particular, sino lo que ha sembrado durante años.

Por ejemplo, hace unos años escuché a un predicador decir que quienes dieran una ofrenda esa noche, iban a recibir el ciento por ciento de regreso de parte de Dios, en las semanas siguientes. Puesto que la ofrenda era para comprar camas para un orfanato en Guatemala y, los huérfanos son una de las cosas que tocan más nuestro corazón, mi esposa y yo decidimos dar el dinero para una cama. El tiempo pasó y la palabra del predicador no se cumplió.

¿Por qué? Porque los hombres no deciden cuándo una semilla da fruto y porque hasta ese momento no habíamos sido fieles con otros recursos que teníamos. No podemos esperar que si somos infieles e irresponsables con nuestras finanzas, que todo se arregle con una ofrenda. Tenemos que sembrar y ser fieles en lo poco y eventualmente veremos una gran cosecha.

Cada uno recibe conforme a su capacidad. Mira tu propia historia con el dinero y vas a saber si tienes una capacidad natural para manejar riquezas. Si es así, puede ser que seas llamado a ser un dador y administrador en el reino de Dios. Pero, por el otro lado, si tu historia está plagada de pobreza y necesidades financieras, debes saber que no tiene que ser así para siempre.

Aunque no todos tenemos la capacidad para recibir “cinco talentos”, todos al menos recibiremos un talento. El Señor siempre nos dará provisión para llevar a cabo la visión que nos ha dado.

En Deuteronomio 28, donde Dios lista las bendiciones y maldiciones relacionadas con obedecer o desobedecer sus mandamientos, nos muestra algo muy claramente: la prosperidad es una bendición y la pobreza es una maldición. Lee los siguientes versos y verás que no hay ninguna otra conclusión razonable.

Y sucederá que si obedeces diligentemente al SEÑOR tu Dios, cuidando de cumplir todos sus mandamientos que yo te mando hoy, el SEÑOR tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si obedeces al SEÑOR tu Dios:
El SEÑOR mandará que la bendición sea contigo en tus graneros y en todo aquello en que pongas tu mano, y te bendecirá en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.
Y el SEÑOR te hará abundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu ganado y en el producto de tu suelo, en la tierra que el SEÑOR juró a tus padres que te daría. Abrirá el SEÑOR para ti su buen tesoro, los cielos, para dar lluvia a tu tierra a su tiempo y para bendecir toda la obra de tu mano; y tú prestarás a muchas naciones, pero no tomarás prestado. Y te pondrá el SEÑOR a la cabeza y no a la cola, sólo estarás encima y nunca estarás debajo, si escuchas los mandamientos del SEÑOR tu Dios que te ordeno hoy, para que los guardes cuidadosamente

Pero sucederá que si no obedeces al SEÑOR tu Dios, guardando todos sus mandamientos y estatutos que te ordeno hoy, vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán:
Sacarás mucha semilla al campo, pero recogerás poco, porque la langosta la devorará. Plantarás y cultivarás viñas, pero no beberás del vino ni recogerás las uvas, porque el gusano se las comerá. Tendrás olivos por todo tu territorio pero no te ungirás con el aceite, porque tus aceitunas se caerán. Tendrás hijos e hijas, pero no serán tuyos, porque irán al cautiverio. Todos tus árboles y el fruto de tu suelo los consumirá la langosta. El forastero que esté en medio de ti se elevará sobre ti cada vez más alto, pero tú descenderás cada vez más bajo. El te prestará, pero tú no le prestarás a él; él será la cabeza y tú serás la cola.
Deuteronomio 28:1-2, 8, 11-13, 15, 38-44

Si tales bendiciones estaban disponibles en el antiguo pacto, cuántas más bendiciones no vendrán a través del sacrificio de Jesús, quien se hizo maldición por nosotros para que no tuviéramos que llevar las maldiciones del antiguo pacto.

Nuestra herencia incluye la abundante provisión y las bendiciones de Dios, pues Él es un Padre amoroso que quiere lo mejor para sus hijos. Pueden haber momentos en que no parezca así, pero estos son simplemente tiempos de prueba pasajeros. Derek Prince dice que debemos reconocer que con seguridad “la fe para apropiarnos de la abundancia de Dios va a ser probada. Pueden haber periodos en que nos tengamos que contentar con tener apenas lo suficiente, pero esos periodos deben ser temporales. Una vez nuestros motivos han sido purificados y nuestra fe ha pasado la prueba, Dios va a enviar su abundancia en la medida que nos pueda confiar para su gloria.”

El Salmo 37:25 dice: “Yo fui joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan.”

La Biblia dice que el justo no mendigará pan. ¿Y quién es el justo? El que pone su fe en Jesucristo. ¿Crees en la Palabra de Dios? ¿Crees que él suplirá todas tus necesidades?

En Filipenses 4, el apóstol Pablo está hablando acerca de una ofrenda que la iglesia le está dando a otras iglesias en necesidad y concluye diciendo esto en el verso 19:

“Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Dios es muy rico y Él no sólo suplirá todas nuestras necesidades en finanzas sino también en misericordia, amor, paz, gozo, gracia. Él ha prometido darnos todo lo que necesitamos y Él nunca miente.